viernes, 9 de noviembre de 2012

Como el primer fino rayo de sol después de la lluvia, existe una exigua aunque creciente calidez, que es tan característica de la soledad no elegida, como lo es la pena misma. Es reavivada por la memoria... también por un sentido creciente de la propia identidad. Cuando vivimos rodeados de gente, algo de la pasión y de la comprensión interior que nos son naturales se escurre a través del tamiz de las charlas insustanciales. En tus momentos más atrevidos crees que lo que está pasando es la obra definitiva humana: la formación de un alma. El poder de la vida procede de dentro, va allí. Reza; medita. Alcanza esos lugares luminosos dentro de ti. Ardis Whitman, "Secret Joys of Solicitude", Reader´s Digest 122, no. 732 (abril 1983): 132.

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