sábado, 19 de enero de 2013
Quien podria decir lo que era, sin el fuego, la feroz y miserable existencia del hombre? Habitante de una caverna vacia o de una choza de ramas toscamente entretejidas, tenia que recogerse al llegar la noche, que lo envolvia por completo. Y alli yacia bajo el sudario de las tinieblas, con el oido alerta a las amenazas de alientos y rumores, venteando el olor de la bestia furiosa que rondaba en busca de su cubil usurpado. El invierno helaba su semidesnudez tremula y lo sumia en un embotamiento doloroso. Por alimentacion, frutos asperos o carnes sangrando, que mantenian en el los apetitos del canibalismo. A falta de la presa que se le habia ido, seguramente saciaba el hambre sobre un semejante suyo. Los mitos de Prometeo, Paul de Saint-Victor.
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