¿Qué amante experimentado ignora que los besos le dan peso a las dulces palabras? Si te los niega, dáselos contra su voluntad; ella tal vez se resista al principio y te llame malvado; pero aunque resista, desea caer vencida.
Sólo debes evitar que los besos así hurtados no lastimen sus delicados labios, y que de estas forma le des motivo para quejarse de tu rudeza. Y luego de besarla, si no te apoderas del resto, mereces perder los favores que te fueron concedidos. Después de éstos, ¡nada falta para la completa realización de tus deseos! A partir de aquí, es la estupidez y no el pudor lo que retiene tus pasos. Aunque diga que la has poseído con violencia, poco importa; pues esta violencia gusta a las mujeres; quieren que se les arranque por la fuerza aquello que ya se disponían a conceder. La que se ve atropellada por la ceguera de un pretendiente, se regocija de ello y estima su brutal acción como un bello presente, y la que pudiendo caer vencida sale intacta de la contienda, simula en el aspecto la alegría, pero en su corazón reina la tristeza. El arte de amar, Ovidio.
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